11/20/2011

Tecnología ayuda a descubrir mentirosos a través del rostro

Con la obsesión por la seguridad originada a raíz de los ya lejanos hechos del 11 de septiembre de 2001, la investigación sobre cómo detectar amenazas ha impulsado el origen de soluciones cada vez creativas que echan mano de todos los medios disponibles para ir un paso más allá de los ‘malos’.

Una de ellas es la que publicaron medios como El País, de España, y BBC de Londres, desarrollada por un grupo de investigadores de la Universidad de Bradford y Aberystwyth en colaboración con la Agencia de Fronteras del Reino Unido. Consiste en un sistema capaz de detectar si una persona está mintiendo, el cual funciona a través de una cámara de video, un sensor térmico de alta sensibilidad y un software especializado.

Lo novedoso de esta alternativa es que analiza una serie de variables tales como la temperatura, los movimientos faciales y hasta el ritmo respiratorio en tiempo real para determinar si la persona observada está sujeta a un grado de tensión nerviosa alto, propio de aquellos o aquellas que mienten o están ocultando algo.

La aplicación más obvia, según los expertos, es la de la seguridad, como por ejemplo la detección de personas sospechosas en lugares de alto riesgo como los aeropuertos. Hasta el momento, se han hecho algunas pruebas con voluntarios, y se ha demostrado que la solución es eficaz en un 65% de los casos aproximadamente, porcentaje que se eleva si la persona está sujeta a un nivel de estrés alto, ya que las señales que permiten identificar al sospechoso se hacen más evidentes en estas circunstancias.

Este equipo es una especie de combinación de varias tecnologías existentes, tales como el trabajo del doctor Paul Ekman, quien a través de su sistema de microexpresiones diseñó un método fiable para detectar engaños a través de la identificación de movimientos ultrarrápidos (con duraciones que oscilan entre 1/50 y 1/25 de segundo).

Estos movimientos se producen en distintas partes del rostro de una persona antes de expresar emociones tales como la ira, el miedo, la sorpresa, el enfado, el asco, la alegría o el desprecio, sin necesidad de emplear tecnología, y la detección ha mostrado resultados muy acertados en la mayoría de ocasiones, siempre y cuando el observador haya sido correctamente capacitado, y se hace aún más precisa si se emplean técnicas de biofeedback, tales como la medición de la temperatura corporal, que varía notoriamente si la persona está relajada o en una situación de alerta.

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